Andar descalza


Parir es como andar descalza sobre la Madre Tierra. Cuánto más estés en contacto con tu interior, más podrás disfrutar de tu parto. Andar descalza igual, cuánto más hayas estado en contacto con la Madre Tierra, menos daño te harás. Y disfrutarás del tacto con el barro y la hierba, sentirás que tus pies nacieron para sentir todo aquello. Pero cuanto más has calzado los zapatos de la civilización y cuidadosamente quitado todas las durezas que se formaban, más te pincharás y te lastimarás cuando intentes andar descalza. Podrás aprender técnicas de respiración para sobreponerte al dolor de las piedras contra tu piel tan frágil, o intentarás adoptar posturas para sentir lo menos posible el impacto de la tierra contra tus pies. Andarás en puntillas, dando saltitos, sólo con los talones… pero no te habrás hecho amiga con el dolor ni con la tierra, si no que simplemente estarás buscando formas para evitarles hasta volver a calzar tus cómodos zapatos de la ignorancia.

Zapatos de la ignorancia. Los que calzamos cada día nada más despertarnos de nuestros sueños salvajes que ni siquiera recordamos cuando la luz del día alumbra nuestra cortina. Los zapatos nos desconectan de la Madre Tierra, nos aíslan de su energía y protege de su sabiduría. Los zapatos son la herramienta para mantenernos como unos ignorantes ciegos en nuestra sociedad. Cuánto más altos, más nos aíslan y alejan de nuestra naturaleza salvaje. Vivimos en una cultura donde la mujer bella esa una mujer sumisa y domesticada, vestida con una falda estrecha que le limita el movimiento y unos tacones que le obligan a andar despacio y tambaleando, escondiendo su verdadera naturaleza. La verdadera belleza está en unos pies agrietados con tierra en las uñas, una mujer fuerte, amorosa y poderosa. Una mujer que puede correr libremente sobre la tierra, que disfruta del césped húmedo después del a lluvia, el barro y la arena que quema en el desierto. Instintivamente sabe dónde hay ramas que cortan, y su piel reconoce qué piedras resbalan y dónde puede apoyarse para no caerse.

Descálzate. Así parirás, andarás y vivirás como la mujer que eres. No pasa nada si al principio te pinchas o pasas frío. Al principio dolerá y tus pies blancos se agrietarán y se hincharán. Pero luego se convertirán en los pies bellos de una mujer salvaje, conectada, consciente y responsable de sus propios pasos.

Abrazos descalzos, Sofia


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